Hubo un tiempo en que parecia
que nada nos iba a ganar.
Habíamos resistido a la gripe,
a las clases aburridas,
A los sabios y a los zapatos rotos.
compartimos sin saberlo
la misma hambre, el mismo sueño,
esa niñez austera y sagrada
el amor por lo poco, la alegría en el rodar
de un tequila
la música de los ramones y
las peliculas de cantinflas,
Fuimos vagos y amistosos,
nos indignabamos con ver llover,
nos indignaba saber que la vida
algún día se mudaría a marte.
Siguiendo la mano viajera
de un desconocido que nos daría de comer,
vivimos en la línea donde la sonrisa y el drama
se harían nuestra filosofia hasta en la cama,
la formula secreta del fracaso consecutivo:
o lo perdemos todo o nadie pierde a nadie.
//pues no hay derecho
Nos declaramos en huelga general
de deporte
y de despechos.
Nos declaramos libres de divinidad,
y agotados por naturaleza renunciamos
a olvidar y a trabajar por nada.
Hubo también un tiempo en que
quisimos inventar el pegamento mundial
a los corazones rotos,
pero nos salió un llanto amargo
por todo lado.
imaginese:
Todo anegado hasta el cogote,
las fotos llorando tinta,
Las paredes llorando pintura,
la ropa berreando mugre y cansancio.
Haciamos mojitos con las lágrimas
y borrachos nos sentabamos a
a suspirar por no poder gritar.
Entonces
Todos muertos de pasión y
con los huesos calcinados,
el viento nos purgó llevandonos a
otros sures,
y dormidos a la sombra de una mata de lulo
tirados unos sobre otros,
con los ojos hinchados, nos fuimos callando
hasta ser olvido, quedando la pulpa
y lo vivido.
Edison Díaz