20.10.08

AJENA

Camino con los ojos puestos en los senos de aquella mujer que se quitó la chaqueta, la forma de la blusa sugería sexo hasta el amanecer de un día caluroso; cerveza, caminata y sensación marchita en el abdomen, por no tener el valor de sumergirme en ellos.


Subo escaleras observando traseros que lamería gustoso entre las faldas, rasgando medias de nylon, mujeres de oficina uniformadas, todas ellas para mi, piernas que apretaría gozoso. Mientras cruzo la calle, olvido el tráfico que puede ser letal, pero no tanto como los ojos extraños y cristalinos de placer que me llaman, me convocan a una cama, un pastizal, un baño, un semáforo; en los cuales pueda tomar una pausa de monotonía declarándole un alto al amor y entregarme al monstruo que habita húmedo y caliente entre las piernas de ellas rosado y febril, me grita, me pide más.

No disimulo mis intenciones, golpes y bofetones no se hacen esperar, llantos de la compañera que camina junto a mí, que no habita y es ajena a mis fantasías de la calle.

CAMILO ANDRES