2.3.11

Tres Veredas




Hubo un tiempo en que parecía
que nada nos iba a ganar;
habíamos resistido a la gripe,
a las clases aburridas,
a los sabios y a los zapatos rotos.

En ese tiempo compartimos sin saberlo
la misma hambre, un mismo sueño,
con esa niñez austera y sagrada
donde surge el amor por lo poco,
y esa alegría en el rodar
de un tequila
la música de los Ramones y
las películas de Cantinflas,

Fuimos vagos y amistosos,
nos indignábamos con ver llover,
nos indignaba saber que la vida
algún día se mudaría a Marte.

Siguiendo la mano viajera
de un desconocido que nos daría de comer,
vivimos en la línea donde la sonrisa y el drama
se harían nuestra filosofía hasta en la cama,
la formula secreta del fracaso consecutivo:
o lo perdemos todo o nadie pierde a nadie.

Nos declaramos en huelga general
de deporte
y de despechos.
Nos declaramos libres de divinidad,
y agotados por naturaleza renunciamos
a olvidar y a trabajar por nada.

Hubo también un tiempo en que
quisimos inventar el pegamento mundial
a los corazones rotos,
pero nos salió un llanto amargo
por todo lado.

Imagínese:

Todo anegado hasta el cogote,
las fotos llorando tinta,
Las paredes llorando pintura,
la ropa berreando mugre y cansancio.
Hacíamos mojitos con las lágrimas
y borrachos nos sentábamos a
a suspirar por no poder gritar.

Entonces,
todos muertos de pasión y
con los huesos calcinados,
el viento nos purgó llevándonos a
otros lados,
y dormidos a la sombra de una mata de lulo
tirados unos sobre otros,
cadáveres de ojos hinchados,
nos fuimos callando
hasta ser olvido, quedando la pulpa,
copas vacías, y en el fondo:
 lo vivido.



Edison Díaz

12.2.11

El salto del Tequendama


Caen sus aguas negras
70 metros hacia abajo.
surge de su ser una melodia
que inquieta, fruto del choque
vengativo con la piedra.

De su vida brota el aroma
a mierda de un millar de humanos,
y en uno de sus lados,
presta ayuda a los desesperados.

Arrastra en sí mismo el sentido
de la palabra fatalidad.

Aunque metafóricamente,
y con las licencias que dan
las letras:
Es simbolo mismo de superacion,
pues sus aguas caen aún con
la misma bravura apocaliptica de
antaño.

Vivirá con la tenazidad
de un dios malgeniado,
mientras yo continúo el ruego
para llegado el tiempo,
inunde abriendo
los brazos,
las sequías morales
que habitan a sus costados.


Edison Díaz

30.1.11

Niebla



Niebla caminante y fría

Niebla que traes con las noches el día

Niebla perfecta de amaneceres salvajes

Eso es mi vida,

Un laberinto inmenso que no ha encontrado la puerta de salida.

Tiéndeme tu mano por favor

Dame un retazo de tu corazón

Siembra en mi pecho una semilla ardiente,

Aunque me castigues con la mirada indiferente

Y ese látigo mancillado que en su empuñadura

Ya tiene mi nombre marcado.


Alejo

15.1.11

Carta a la clandestinidad


Podría vivir con la mitad de lo que tengo
y aun así me sobraría más de lo necesario.
Podría comer sin condimento,
dejar de lado las grasas,
los carbohidratos y los
programas que hablan sobre el universo.

Soy capaz de abandonar los estímulos visuales,
dejar de ver las nubes, cerrar para siempre
las cortinas.
No volver a tocar un césped cortado,
y dormir sólo dos horas al día.
No volver al médico,
no volver a la patria,
y quemar cualquier bandera
que no justifique mi memoria.

Dejaré en su momento las tardes,
y todo se irá marchando poco a poco,
hasta que lo último sea un ruido seco
de silencio o de puerta pegando contra las paredes.
Un suspiro final que señalará
desde el fondo el fin de todo:

/menos una tormenta,
la tormenta agridulce del retorno,
la tormenta muda y que mata,
el toque de queda a todo sentimiento
para volver en últimas
al mismo callejón vacio,
a las losas del andén frío
que siempre aguardaron por mí/

Edison Díaz