15.1.11

Carta a la clandestinidad


Podría vivir con la mitad de lo que tengo

y aun así me sobraría más de lo necesario.

Podría comer sin condimento,

dejar de lado las grasas,

los carbohidratos y los

programas que hablan sobre el universo.


Soy capaz de abandonar los estímulos visuales,

dejar de ver las nubes, cerrar para siempre

las cortinas.

No volver a tocar un césped cortado,

y dormir sólo dos horas al día.

No volver al médico,

no volver a la patria,

y quemar cualquier bandera

que no justifique mi memoria.


Dejaré en su momento las tardes,

y todo se irá marchando poco a poco,

hasta que lo último sea un ruido seco

de silencio o de puerta pegando contra las paredes.

Un suspiro final que señalará

desde el fondo el fin de todo:


/menos una tormenta,

la tormenta agridulce del retorno,

la tormenta muda y que mata,

el toque de queda a todo sentimiento

para volver en últimas

al mismo callejón vacio,

a las losas del andén frío

que siempre aguardaron por mí/


Edison Díaz

2 consecuencias:

Anónimo dijo...

que guantes tan justos

Maria dijo...

Me encantó tu poesia.
Saludos.