30.1.11

Niebla



Niebla caminante y fría

Niebla que traes con las noches el día

Niebla perfecta de amaneceres salvajes

Eso es mi vida,

Un laberinto inmenso que no ha encontrado la puerta de salida.

Tiéndeme tu mano por favor

Dame un retazo de tu corazón

Siembra en mi pecho una semilla ardiente,

Aunque me castigues con la mirada indiferente

Y ese látigo mancillado que en su empuñadura

Ya tiene mi nombre marcado.


Alejo

15.1.11

Carta a la clandestinidad


Podría vivir con la mitad de lo que tengo
y aun así me sobraría más de lo necesario.
Podría comer sin condimento,
dejar de lado las grasas,
los carbohidratos y los
programas que hablan sobre el universo.

Soy capaz de abandonar los estímulos visuales,
dejar de ver las nubes, cerrar para siempre
las cortinas.
No volver a tocar un césped cortado,
y dormir sólo dos horas al día.
No volver al médico,
no volver a la patria,
y quemar cualquier bandera
que no justifique mi memoria.

Dejaré en su momento las tardes,
y todo se irá marchando poco a poco,
hasta que lo último sea un ruido seco
de silencio o de puerta pegando contra las paredes.
Un suspiro final que señalará
desde el fondo el fin de todo:

/menos una tormenta,
la tormenta agridulce del retorno,
la tormenta muda y que mata,
el toque de queda a todo sentimiento
para volver en últimas
al mismo callejón vacio,
a las losas del andén frío
que siempre aguardaron por mí/

Edison Díaz