31.7.08

Cuando me necesitas?



Siempre que me necesitas:

me llamas,

me buscas,

encuentras agujas en pajares inmensos,

me extrañas

no me extraditas

me das un pasaje directo

me das la ruta a tu corazón

me pides que no me vaya

me exiges que me quede

me sientas

me peinas

me haces las uñas

me preparas un te

me besas

me bebes

me comes

me duermes

me inhalas

me sacas el alma de paseo

le pones al sol

le traes liquido

le llevas arroz con leche

escribes su nombre en la arena

y mi cuerpo,

y mi cuerpo se queda privado

le haces la cama

le ubicas las sabanas más limpias,

le pones un poco de agua tibia en los pies

loción en los oídos

le pones palabras privadas,

le dibujas una sonrisa,

le pones cerca a la ventana para que vea el arcoíris

le presentas tus huellas digitales,

le presentas a tus olvidos

le muestras tus lagrimas,

tu aliento

tus ojos

tu voz

tu desvanecer.

que ya desvanecida,

y no me necesitas

haces lo contrario,

me inmolas,

me extraditas a las cárceles más oscuras

me dejas ahogar en el océano,

me rompes las piernas

los brazos

las costillas

me comes con salsa picante

me dejas gratinar

me empujas por el sifón de tu tina,

me dejas calvo

me mandas ejecutar

pides que sea a balazos

que sea sufriendo

que tomen fotos de la agonía

que las pongan en cada una de tus extremidades

mi cabeza decapitada

la guardas en tu sexo

en la caja de música

bajo la alfombra

detrás del cuadro que nadie corre

encima del mueble inalcanzable

en las conservas de la nevera

y mi alma

se queda colgada en las cuerdas

al lado de las toallas

de las pijamas

de tus medias

de tus camisas

sólo el viento la mueve

sólo la marcha de los pájaros la mantiene viva

conmovida

fumada

gastada

preguntándose

cuando necesitaras mas de mí

para volverme uno solo

y hacerte una sóla pregunta

¿Por qué a mí?

Edison Diaz

27.7.08

(DIGO YO)



Tengo un par de ojos para mirar al pasado:

la terraza de los mundiales de futbol,

las sopas de mi abuela,

las sonrisas de mis amigos,

los rostros cada vez mas desfigurados

de los pasajeros de esta vida

que se fueron bajando de a pocos,

unos sin despedirse, otros con despedidas eternas.

Tengo ojos también para mirar el presente:

el amor diezmado,

el amor a la vida en creciente,

la música en el oído,

los autos a toda velocidad,

los libros,

las manos cruzadas en pleno de un semáforo,

los ojos cerrados intuyendo que un rayo caerá.



Tengo ojos para mañana:

la guerra por el agua,

¡bang!

el disparo que choca en la nuca de un niño,

el desierto, que de cierto tiene poco,

el poeta con su navaja calle arriba, calle abajo.

Los perros asexuados

las mujeres sirena,

las sirenas mujeres

el mar hecho barro,

los dioses peleando por un trozo de pan,

y tres pintores definiendo el

significado de una pincelada,

pero ninguno llegará a tal conclusión


(digo yo)



Edison Diaz

21.7.08

UN MINUTO DE JAZZ

Silencio...
Queda en el aire cierta señal de violencia,
recostado en el cesped...
sintiendo el vibrar de la tierra por unas cuerdas,
calmando la furia de un energumeno.

Tempestades de ojos y pieles
caen martillando mi cabeza,
espera...
aprieto mis manos frias,
enredandose con las falanges.

Velocidad de voz
combinada con furia y sed humeda...
enojo pasivo y ojos destellantes,
cristales rotos cortando las uñas
grito..

CAMILO ANDRES

Desde el cuarto 6C, en este capitulo: Erase una vez en Cali

Erase una vez un joven caleño, que entre el calor, los amigos, los adolescentes, los cultivos de caña, y el cine. Formó su modo de escritura, creó su propia voz.

Este desesperado, fue Andrés Caicedo. Un amigo de todos los enemigos. Se ganó un concurso de cuento con un escrito que se llamaba los dientes de caperucita, y ahí se envició, quedo con ganas de seguir, le cogió fe a las letras. Y claro, es de respetar pero muy peligroso al mismo tiempo. Eso fue en esa Colombia de los 70´s, donde preponderaba todo, menos la escritura, las letras nuevas.

Estuvo metido en todo lo que pudo, en el grupo literario los Dialogantes, en el Cineclub de Cali y la revista Ojo al Cine, de esta última aún perviven sendos tomos recopilatorios. También, y como producto de su amor al cine, hizo un corto con Carlos Mayolo, que hasta hace poco tiempo vio la luz, y que no fue terminado como se esperaba.

Un día Andrés se aburrió de lo evidente, y se metió a las entrañas de Cali, a la Cali calabozo como le llamaría de cariño. Ahí salieron las drogas, las fiestas de salsa Brava, Angelita y Miguel Ángel. Los cinemas, la pasión escondida por el cine de terror. Un viaje lleno de fracasos a estados unidos, donde llevó un guion que se desdeño a las primeras de cambio. Ese fue su destinito fatal.

Entonces, cuando todo parecía agotarse, del centro de su espíritu ambiguo y a ratos desdibujado, nace el grito, nace !Que viva la música! Un libro (cabe decir que financiado por la mamá) con miles de sus héroes personales, esos jovencitos de familias millonarias que se escapaban por las ventanas, que hacían daños en fiestas de 15. Esa fue la señal que esperaba. Entonces, y cumpliendo al pie de la letra todo cuanto creía cierto, decidió que no debía vivir más allá de los 25 años. Y es en ese momento, como si fuera a dar por terminada una de sus novelas, enfundado en el pellejo de alguno de sus héroes, y teniendo como último testigo a la mujer de la que se enamoró sin medida (así fuera la mujer de su entrañable amigo), se toma una manotada de pastillas, y sus dedos escriben fin, por fin.

Seguramente, y si sus pies aun andarán por esta tierra extraña, sus jovencitos se habrían convertido en sicarios de los 80´s, abría visto la disolución no absoluta de Richie Ray y Bobby Cruz, el estancamiento comercial del cine nacional, el fin y sepultura de Colcutura, y sería testigo de la continuidad de los Rolling Stones contra las profecías de muchos. Quién sabe si abría resistido tanto. Quién sabe...

Somos conscientes que este personaje homenajeado ha sido ensalzado en distintas mesas; también que su nombre ha sido dicho por las más lucidas bocas, y leído por los más ilustrísimos y versados escritores. Pero no por eso, desde la humildad del andén, desde la in-sapiensa del asfalto, desde la falta de precisión en los datos, con las manos sucias, escrito en crayola, debe dejarse escapar de este modesto sitio su gran aporte a la literatura nacional, así que entre este paréntesis, en este mausoleo que más parece una central de reciclaje, le decimos que acá queda su estrella, acá descansa en paz también.

Edison Diaz

20.7.08

MUDANZAS




Amanece y ella sin sombra.
El resplandor que toca su cara
No es más que un mustio olvido;
Es hora ya de empacar.





La receta dice que para irse
Vale más tomar la primera moneda
de un bolsillo roto y echarla al aire;
¡¡¡Que más da!!!
Cara o sello, solo una es la salida.



El principio y fin de todo
Se arrastra en una mudanza.
Mudanza de penas, cambio de olores,
Cuerpos irremediablemente transitorios.
Movimientos sempiternos
Que desembocan solo en un punto.
Descienden transmutados a ser lo mismo,
Cotidianamente e irrefrenablemente lo mismo.


Queda poco,
Habrá que mudarlo,
Cambiarlo de lugar y modificarlo;
Disfrazarlo, y así de pronto no encuentre el principio,
Dejando a tientas el retorno seguro al final.




Nathalia C.

19.7.08



¿Crees que estamos atados?



Y si lo estamos, ¿Cuánto podremos soportarlo?











Estar en un lugar condenado, atado a una vida, rodeados de cosas con poco valor.

Sería entonces mejor huir. Huir de una cama y un cuarto. Nada más, lo es todo. ¡Huir!,

ir al lugar en donde habita la solución y en donde ser feliz es una obligación.


La solución: Sentarse a comer en un fino restaurante, y luego, tras horas de buen apetito, ir a bailar en las zonas más concurridas de la ciudad. Bailar y tomar. Estar incluido, rodeado de amigos. No obstante, tarde, muy tarde ya, cerca del alba, una mano cordial que hace su trabajo, nos golpea en la espalda: es hora de marcharse del lugar, que a esa hora permanece desocupado.


Luego bajar, a tientas, sin rumbo, solo, una calle oscura.




J. C. Gómez



Un último color




Si me dieran a escoger entre el color negro y el color blanco, y de mi respuesta dependiera mi vida, una pregunta inquisitoria, escogería el blanco. Pensaría en la frescura, en las nubes y en los días.


Pero luego, recordaría la noche, y escogería el negro, el pesado y abarcado negro. Pero, siendo esto así, pensaría luego en el amarillo, en el infinito azul, el potente rojo, el escarlata, sobre el que tanto se ha escrito.


Y por último escogería la horca, antes de terminar perdiendo la vida por un color.
J. C. Gómez

16.7.08

Lecciones para Limpiar el Cuerpo (recordando: Lluvias)




Mientras se bañaba sosteniendo con sus manos el agua que caía a borbotones por el piso, miró su cuerpo y se dijo: estoy seca, hace días que no llueve aquí adentro.

En su desnudes recorrió con la mirada los rastros indelebles de quien hace el amor sin sexo, recordando palmo a palmo lo hostil de esos pasos en su cuerpo, los ecos que marcaron heridas a medio cicatrizar, bizarras formas corpóreas del amor transitorio.

De repente sus ojos se toparon con la cicatriz más grande, estéticamente armónica, se había tejido en la piel con tal perfección que nadie podría encontrar el dolor que ocultaba latiendo, y entendió al verla, que el olvido ya hizo lo suyo en su cuerpo. Tomó entonces la ropa y disfrazo cada espacio recorrido, así ninguna melancólica espía saldría a revivir los restos ya marchitos.

Vestida, decente y con una gran sonrisa adornada, se sentó en un parque dejando que los visitantes pudieran verla sonriente, y como todo su vacío comenzaba a destilarle canciones de adiós por los ojos.


Natalia cruz

15.7.08

LLUVIAS




El sujeto llega al parque indicado,
se sienta en uno de esos banquitos de madera,
enciende un cigarro algo arrugado,
da tres fumadas y lo arroja al piso.
Llueve una colilla.

El viento pasa por el parque señalado,
se estrella con los arboles centenarios,
danza con las ramas lleno de furia,
hace remolinos y revuelve los maderosos cuerpos. Llueven hojas.



La gente camina por el parque obligado,
pisan las hojas y la colilla acabadas de llover,
apuran el paso protejiendo sus pertenecias del viento,
miran de reojo al sujeto sentado.
Llueven rostros.

Una mujer acude al parque citado,
posa sus manos en los ojos del sujeto,
susurra algunas palabras en la oreja,
su voz humedece el erizado cuello.
Llueve amor.


CAMILO ANDRES

Tres Pajaros De un Modesto Tiro




La última desposesión: no más sin afueras

Incontables las gotas que empañan la casa deshabitada

El otro lado seco ya ha quedado desusado,

Tomado por veranos nunca vistos

Desiertos sin hollar y ampollas vírgenes

estando largos tiempos esperando otro clima

Que vuelva el otro lado descentrado de paredes

Y que salga la humedad solitaria a ventilarse

Que desembarquen las gotas en el zaguán y que sigan de largo

Que abran el postigo que da sobre el barranco

Que suelten los escarabajos nacidos antiguos debajo de las baldosas

Que vuelva Ella, después de la lluvia, sin noticias de esos lugares

Y que el viento liberado de estos corredores

Salga presuroso a recibirla, preñada del clima añejo que nos olvidó

Y que Yo, sin convencerme de ello y eternizado de la amada, salga desnudo a vestirme de ropas que queden grandes, que queden chicas,

Con tal que calce al mundo en un primer paso,

y que siga barbárico y con una casa menos en mi divaga… una casa menos por habitar. El–mundo-no-más

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Mi soledad es un juego de damas

-Que ella se vaya con la sangre que nunca tuve, me hace imposible morir-

Lo cual, vuelve una tragedia casi invivible su ausencia: si volviera,

Traería a la muerte cómplice de su partida; si se quedara,

La muerte misma tendría que partir; y si no regresara,

Me quedaría desde antes muerto sin ella

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Fábula

Una línea que dibuja una península por primera vez,

deja sin saberlo, prisioneros de su trazo, desiertos y cordilleras,

perdiéndose algún caminante…,

y sigue inaugurando paisajes mientras dibuja,

continua su errar abriéndose a la inmensidad.

Sin ganas de bautizar más geografías,

se libera entonces furtiva en un plano sin nombre ni cielo,

dejando para después la nada blanca del papel por consigna,

y a un solo hombre cruzando sus fronteras…



Andres Cuervo

6.7.08

Un Muerto de Ambos (En recuerdo de “Rompecabezas a dos tiempos”)




Lo he pensado un tiempo, y creo que todo fue un suicidio

Es cierto, reconozco que yo permití los móviles… semi-cómplices, semi-víctimas…como todos los enamorados

Las tardes de lluvia, el cigarrillo languideciendo en los labios, replegaban unas alas imaginadas en el pecho de alguno de los dos, hibernando un interior

Siempre prisioneros de ese cigarrillo interminable, de las ropas hechas rastrojo de lluvia y tierra de lugares desconocidos

Esas fueron las primeras palabras en las que permaneceríamos y que llamarían al crimen, que presagiaban tu huida

De ahí en adelante, yo sólo me quejaba porque no llegaban más palabras a mi cabeza

Y todo se arruinaría: mala poesía, mala vida, mal sexo, malos sueños y malos despertares.

Llevo pensando un tiempo, como te decía, sin más primeras palabras, sólo éstas últimas, ya postreras, y tengo miedo…

…Nunca vi venir el relámpago metálico del arma, ni presentí dentellada ni coartada predatoria que me cercara; sigo visitando las calles donde caminábamos a veces, donde cada grieta del asfalto y rugosidad de las fachadas me fueron alejando de ti, donde me quedaba al final solo, mesándome los cabellos y con cara de loco al no poder conjurarlas en ninguna hoja en blanco, en mi cabeza. Cuando reaccionaba, la tarde se había ido hacía horas, y mi soledad iba amontonándose entre residuos de esa calle malamente anochecida, y salía de allí arrastrándome por las paredes, siempre con eso indecible que me dolía, una pureza vacía en el pecho, la calle se extendía en el horizonte que no conoció nunca nuestros paseos vespertinos, y yo seguía trastabillando y mirando de vez en vez la luz vagamente trágica de los faroles interminables, siguiéndolos, caminando sin rumbo…así hasta que nunca supe cuál era el último, permanecería apagado siempre, y ahí me devolvía, desandando.

Me gusta como escribes, diría un falso muerto en su sepultura, hecha de estas palabras tuyas, siempre -vivas, que nunca dije: Poema de Amor


Andres Cuervo

3.7.08

Entre otras cosas



Ya no siento ningún placer con la lluvia,

te la puedes llevar lejos, muy lejos,

es más, te regalo mi sombra burlona;

ya no me simpatiza, no me hace reír como antes.

Llévate también esos zapatos, recoge tu ambivalencia.

Recoge tu ropa interior, tus medias limpias,

recógete de mi cama, métete en una maleta,

arrópate bien.

Te dejo mi cobija,

mi almohada, pero ni loco mis sueños,

¿o como duermo?

Bueno, quédatelos, ¿qué más hay que perder?

Una apuesta alta, ceniceros repletos,

nada es tu culpa, o mas bien todo lo es.

¿qué importa ser culpable?

me pido ser culpable.

Exonerado por sacrificio, litro de carne,

libra de sangre soy.


Edison Diaz