Desde el cuarto 6C, en este capitulo: Erase una vez en Cali

Erase una vez un joven caleño, que entre el calor, los amigos, los adolescentes, los cultivos de caña, y el cine. Formó su modo de escritura, creó su propia voz.

Este desesperado, fue Andrés Caicedo. Un amigo de todos los enemigos. Se ganó un concurso de cuento con un escrito que se llamaba los dientes de caperucita, y ahí se envició, quedo con ganas de seguir, le cogió fe a las letras. Y claro, es de respetar pero muy peligroso al mismo tiempo. Eso fue en esa Colombia de los 70´s, donde preponderaba todo, menos la escritura, las letras nuevas.

Estuvo metido en todo lo que pudo, en el grupo literario los Dialogantes, en el Cineclub de Cali y la revista Ojo al Cine, de esta última aún perviven sendos tomos recopilatorios. También, y como producto de su amor al cine, hizo un corto con Carlos Mayolo, que hasta hace poco tiempo vio la luz, y que no fue terminado como se esperaba.

Un día Andrés se aburrió de lo evidente, y se metió a las entrañas de Cali, a la Cali calabozo como le llamaría de cariño. Ahí salieron las drogas, las fiestas de salsa Brava, Angelita y Miguel Ángel. Los cinemas, la pasión escondida por el cine de terror. Un viaje lleno de fracasos a estados unidos, donde llevó un guion que se desdeño a las primeras de cambio. Ese fue su destinito fatal.

Entonces, cuando todo parecía agotarse, del centro de su espíritu ambiguo y a ratos desdibujado, nace el grito, nace !Que viva la música! Un libro (cabe decir que financiado por la mamá) con miles de sus héroes personales, esos jovencitos de familias millonarias que se escapaban por las ventanas, que hacían daños en fiestas de 15. Esa fue la señal que esperaba. Entonces, y cumpliendo al pie de la letra todo cuanto creía cierto, decidió que no debía vivir más allá de los 25 años. Y es en ese momento, como si fuera a dar por terminada una de sus novelas, enfundado en el pellejo de alguno de sus héroes, y teniendo como último testigo a la mujer de la que se enamoró sin medida (así fuera la mujer de su entrañable amigo), se toma una manotada de pastillas, y sus dedos escriben fin, por fin.

Seguramente, y si sus pies aun andarán por esta tierra extraña, sus jovencitos se habrían convertido en sicarios de los 80´s, abría visto la disolución no absoluta de Richie Ray y Bobby Cruz, el estancamiento comercial del cine nacional, el fin y sepultura de Colcutura, y sería testigo de la continuidad de los Rolling Stones contra las profecías de muchos. Quién sabe si abría resistido tanto. Quién sabe...

Somos conscientes que este personaje homenajeado ha sido ensalzado en distintas mesas; también que su nombre ha sido dicho por las más lucidas bocas, y leído por los más ilustrísimos y versados escritores. Pero no por eso, desde la humildad del andén, desde la in-sapiensa del asfalto, desde la falta de precisión en los datos, con las manos sucias, escrito en crayola, debe dejarse escapar de este modesto sitio su gran aporte a la literatura nacional, así que entre este paréntesis, en este mausoleo que más parece una central de reciclaje, le decimos que acá queda su estrella, acá descansa en paz también.

Edison Diaz

Comentarios

merlyna dijo…
Sin mucho que decir, porq en efecto ya en el homenaje se condensa todo, solo reitero, que Caicedo, para la posteridad sera siempre, un filosofo de las calles, un intelectual del concreto y de nuestros mas preciados forjadores de la escena del andén, como la propuesta que sobre sale de esta acortanada realidad literaria que circula en la atmosfera intelectual de los Visibles, pero no de los anonimos y proscritos...
eldesv�n dijo…
Edison es muy bueno quit�ndole solemnidad a cualquier cosa: su homenaje a Caicedo no fue la excepci�n;,alguien que vivi� m�s all� de toda adolescencia y siempre con miedo, pero que tambi�n escribi� un libro que hablara de otro momento, de la resaca, de ser el �ltimo que queda de pie en la fiesta, en el estribillo que queda en la cabeza retumbando y temiendo que se acabara el tiempo y se quedara tal terror adentro, en la decadencia de una burgues�a muy suya, una juventud verborr�gica y brutal. Muy oportuna la estrella de Andr�s Caicedo en el and�n. Muy bien Edison

A Cuervo

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