LLUVIAS




El sujeto llega al parque indicado,
se sienta en uno de esos banquitos de madera,
enciende un cigarro algo arrugado,
da tres fumadas y lo arroja al piso.
Llueve una colilla.

El viento pasa por el parque señalado,
se estrella con los arboles centenarios,
danza con las ramas lleno de furia,
hace remolinos y revuelve los maderosos cuerpos. Llueven hojas.



La gente camina por el parque obligado,
pisan las hojas y la colilla acabadas de llover,
apuran el paso protejiendo sus pertenecias del viento,
miran de reojo al sujeto sentado.
Llueven rostros.

Una mujer acude al parque citado,
posa sus manos en los ojos del sujeto,
susurra algunas palabras en la oreja,
su voz humedece el erizado cuello.
Llueve amor.


CAMILO ANDRES

Comentarios

liliana ramírez dijo…
Este es sin duda alguna un admirable poema....Afortunadamente llueve...y mejor aún existen poetas que capturan sus gotas.

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