martes 18 de noviembre de 2008

Diez Días en Coma


Para Camilo Herrera

Antes de todo, me agarré firmemente

a la manta regalada que me cubría.

Era azul, y aún olía a mi hermano.


La apreté fuertemente.

Entró un zumbido de viento por la ventana.

Sonó una canción sin autor evidente.

Y con ello el silencio a mis oídos y a mis ojos.


Entonces comenzó el viaje.

El cielo se partía en dos.

de una telaraña pequeñita,

comenzaron a caer insectos,

El cuadro bailarín de mi puerta,

se puso a blanco y negro.

Y el sol rojo hasta estallar-


Sentí unas manos caminando por la espalda,

una mujer de medio cuerpo, toda violeta,

con los ojos quietos, y el pelo verdoso.

Yo sudé. Ella siguió pasando sus manos por mi pellejo

abandonado. Ladró un perro en la avenida desierto

Creo haberle dicho que sufría de insomnio,

y ella me decía que sufría de amor.


Las cortinas cambiaron de nombre.

Ahora se llamaban esperanza.

Y agitadas por un viento que se colaba o salía

de mis fracturados pulmones,

danzaban y se movían dejando ver

una simple noche bogotana, llena de siluetas.

Una noche de abandonados, y de fumadores

de dedos amarillos.


Llegó el amanecer. Y caían copos de miel

todos redonditos y cafés.

caían pianos del cielo.

caían corcheas, caían niños desnudos.

Llovían lagrimas, y un técnico

dijo que llovían ausencias.

Los relojes se detuvieron.

Las letras se quedaron sin marcha.

Una partida de ajedrez se quedó en tablas,

y la señora que todos los días está

en pijama, hoy se puso tacones, y se aplicó labial.


La cama comenzó a tragarme.

El Detective, me dijo que era pereza,

en medio de copas, y sombreros,

yo le dije que era nostalgia.

Que había días en que la nostalgia sufría

de unos apetitos terribles.

Que se tragaba todo, y que era quimérica.

Él, contando con los dedos, pidió

que le rompieran tres huevos.

Yo pedí un café con leche, más café que leche.


Los recuerdos entonces se volvieron de piedra.

Estalactitas de sueños sin cumplir.

Amantes que dejaron un par de medias y se fueron.

La hija de un amigo que gustaba de ver osos dibujados

en la pared de su cuarto.

El primer muerto que vi de frente,

al primero que mataron en la esquina de mi casa

con un balazo en toda la mitad del pecho,

y otro tiro que abrió camino entre el cuello y la cabeza.


Entonces comenzó un mareo.

Vómitos sin programar.

Dormir al lado de un balde.

procurar dormir de lado, pensar de lado,

hacer el amor de lado,

comer de lado.

No fuera y el vomito me ahogara.


Una temporada de viajes oníricos,

al Amazonas, a Berlin, Budapest,

Puerto Salgar, Mompox.

Visitas de cuatro segundos cada una.

Un par de bares, un saludo,

y de vuelta al avión de los sueños.


Una botella de ron destapada

unas niñas jugando al pelotón de fusilamiento.

1, 2, 3, y la caneca de basura hasta

el borde de mierda a rebozar.


Soñé que era un espía,

un subcontratado de la kgb,

un huérfano ideológico, un paralitico

con problemas pulmonares.

Soñé que venía el Bolaño de Carnet de baile,

y que yo le decía que bajara la velocidad

del viejo porsche que andaba a 100 por hora.


Otro día bajaba la guardia,

y entre risas, una pesadilla nueva se avecinaba.

Una bruja con cabeza de serpiente, quería

leerme la mano, yo me empeñaba en esconder

las palmas bajo la almohada,

pero todo intento parecía vacio, parecía inquietarle.

La bruja que no era estúpida,

me leyó la planta de los pies,

y en vez de decirme el futuro

me dio el parte de un sin fin de enfermedades

que se tragaban el corazón de mis amados conocidos.


Y ahí, suavecito,

un solo de piano comenzaba a sonar.

El balde los vómitos desapareció,

la cobija de mi hermano se fue

volviendo papel de lija.

Los recuerdos se esfumaron,

volví a nacer, sin nada,

sin lenguaje, sin palabra

sin letras

sin amigos

sin familia

sin mi

sin ti

La mujer que aparecía con el pelo verdoso,

de mi espalda se fue adueñando

y una paloma deforme le sacaba

bocados de arroz a un tipo aburrido

que miraba la televisión.

Después desperté por completo,

y todo estaba en su lugar,

un compadre que se untaba ron en la chaqueta

como untándose loción,

me dio la bienvenida,

yo le dije que sentí el paso imponente del tiempo,

y él me contestó, que sólo habían pasado

diez días desde que me perdí.





Edison Diaz

1 consecuencias:

POETAS DE ANDEN dijo...

Se le extrañaba por estos lares